La Felicidad Para Mi

La declaración de independencia de los estados unidos señala que: “todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”

Hace unas semanas vi salir a un niño comiendo chocolate. En su manito derecha tenía el chocolate ya deshecho y su boca para que decir como venía. Ya podrán imaginarlo. Lo que más llamó mi atención fue su cara de felicidad. No caía en su gozo. Después vi la cara de felicidad de su madre, pero esa es otra historia. Yo lo comprendo muy bien ya que debo reconocer y no creo que sea un misterio para nadie, si hay algo que me hace muy feliz es un buen Barros Luco con mucha carne y queso.

La felicidad es un tema en el mundo hoy. El hombre está en búsqueda de ella. Hemos visto en los últimos años la aparición de un sinfín de ideas, muchas de ellas mezcladas con las escrituras, que invitan al hombre a liberarse y ser feliz. Por experiencias he visto que si no se es cuidadoso, estas filosofías pueden alejarnos de lo que es bueno y verdadero.

Estamos rodeados de personas. Pasamos a su lado, visitamos sus hogares y viajamos entre ellas. Todos hijos e hijas de Dios y hermanos nuestros. Dios les ama a ellas como a nosotros. Muchas de esas personas están buscando el propósito de la vida. Están preocupadas por sus familias y desean sentirse seguras en un mundo de valores cambiantes. Desean ser felices, pero no llegan a esa felicidad porque no saben dónde hallarla.

El mundo define la felicidad como un estado de satisfacción que nacer por algún logro alcanzado o simplemente por el hecho de hacer lo que nos gusta. Es interesante como nuestra búsqueda nos lleva a confundir libertad con libertinaje, a llamar a lo bueno malo y a lo malo bueno, nos llevan a confundir el placer temporal con la felicidad plena.

Quisiera compartir con ustedes parte de lo que soy, parte de lo que creo es verdadero. Durante años hemos dicho que ser mormón es ser feliz. Si eso no es verdad, debería serlo. Como la mayoría de las personas, nosotros creemos en Dios. Sabemos que vive y que es nuestro Padre Celestial. Sabemos que nos ama y nosotros le amamos a él. Puesto que es nuestro Padre, desea que progresemos y seamos felices. El quiere que lleguemos a ser como El y que tengamos gozo. Para eso ha preparado un plan que nos traerá gozo en esta vida y nos hará posible vivir con Él para siempre. A este plan se le llama el Plan de Salvación. Es interesante que en el Libro de Mormón se refieran a este plan como el Plan de Felicidad.

El plan de Salvación responde a tres preguntas que el hombre se ha hecho por siempre. ¿De dónde venimos? ¿Qué hacemos acá? ¿Hacia dónde vamos? Dicho de otra forma el plan nos indica quienes somos, cual es el propósito de la vida y que hay después de ella. Sin duda interrogantes que nos hemos hecho en algún momento de nuestra existencia. De dónde venimos y hacia dónde vamos es algo de lo que hablaremos en otra ocasión. Quiero concentrarme en el hoy y el ahora. ¿Cuál es el Propósito de la vida? Tenderemos tantas respuesta como hombre hay. Algunos dirán nacer, trabajar, jubilarse y morir. Otros dirán que no saben y que nunca se lo han preguntado. ¿Qué piensas tú?

Una amorosa abuela mientras preparaba galletas pregunto a su nieto si este era feliz. El muchacho dijo que sí. Con una sonrisa en sus labios la mujer le dijo que eso estaba muy bien ya que el propósito de la vida era precisamente ser feliz. Quizás después le invito a buscar y cumplir ese propósito en la vida. Yo creo que esto es así. Que el propósito de nuestra vida es ser feliz.

Pero también creo que hemos olvidado este propósito. Tratamos de darle sentido al sin sentido. Hemos olvidado que el propósito de nuestra existencia es alcanzar la felicidad. Pero no la felicidad que se genera de alcanzar metas, o de hacer lo que nos gusta. Hemos olvidado que la felicidad se cultiva al hacer lo que es correcto.

A mi entender la felicidad o gozo es una condición que resulta de vivir con rectitud. Dicho de otra manera, la verdadera felicidad está condicionada a la tranquilidad de conciencia que deriva de hacer lo bueno. Como Alma enseño a su hijo Corianton en el Libro de Mormón: “la maldad nunca fue felicidad. Entonces, ¿Qué es la felicidad para ti?

Un Abrazo, Marco Castro

9/11, Un Antes y un Después

Recordando los acontecimientos ocurridos en Chile hace 45 años y en Nueva York hace 17, escribo sabiendo que no será del agrado de todos, pero prima en mi el deseo de ser lo mas sensible y respetuoso con el dolor ajeno. El 11 de septiembre trajo consigo un antes y un después en la vida de sus protagonistas. Vienen a mi mente dos palabras diametralmente opuestas: Unidad y División.

Golpe de estado para unos. Pronunciamiento Militar para otros. Mas allá de la definición que queramos darle, lo sucedido el 11 de Septiembre de 1973 en mi amado Chile fue un hecho nefasto que trajo consigo dolor y muerte dejando a nuestro país sumido en una dictadura en la cual los abusos de poder y los crímenes de lesa humanidad cometidos son si precedentes en la historia nacional. Innegable es la critica situación política y económica imperante en ese momento, pero nada justificará la forma por sobre el fondo. Lamentablemente, un hecho ocurrido hace casi medio siglo ha polarizado nuestro país. Dividiéndonos social e ideológicamente, y tal ves sin darnos cuenta debilitándonos como nación. Continuamos mirando atrás con resentimiento y odiosidad, impidiéndonos avanzar hacia la promesa de un futuro esplendor como señala nuestro himno nacional.

En contraste, el atentado terrorista ocurrido el 11 de septiembre de 2001 en Estado Unidos, lejos de desunir o debilitar, hizo aflorar un sentimiento de patriotismo sin precedente, y mostraron al mundo que lejos de sentirse amedrentados por el ataque al interior de casa, tenían la determinación de mirar al futuro sin temor exclamando al unísono: “¡Oh, así sea siempre, en lealtad defendamos Nuestra tierra natal contra el torpe invasor! A dios quien nos dio paz, la libertad y honor, Nos mantuvo nación con fervor bendigamos. Nuestra causa es el bien, y por eso triunfamos Siempre fue nuestro lema: «En Dios Confiamos». ¡Y desplegará así su hermosura estrellada Sobre tierra de libres la bandera sagrada!”

Confió que en este 11 de septiembre de 2018 pueda ser nuestro antes y después. que nosotros y las futuras generaciones de mi amado país dejemos de lado los rencores y la odiosidad que nos separan y mirando al pasado para aprender de los errores miremos el mañana para seguir adelante con firmeza… teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Que nos aferremos a los que nos une como país y desechemos lo que nos divide. Que podamos exclamar al unísono: “Dulce Patria, recibe los votos con que Chile en tus aras juró que o la tumba serás de los libres o el asilo contra la opresión”. Es mi humilde oración.

Un abrazo, Marco Castro

Necesitamos Puentes no Murallas

El 20 de enero de 2017 se efectuó el cambio de mando en Estados Unidos, asumiendo la presidencia un polémico candidato cuya principal promesa de campaña fue: “Yo construiré una gran muralla en nuestra frontera sur, y haré que México pague por ese muro” porque a su juico “México manda a su gente, pero no manda lo mejor. Está enviando a gente con un montón de problemas… Están trayendo drogas, el crimen, a los violadores…”. Declaraciones, sin duda, prejuiciosa y absurdas. Permítanme una reflexión, “Necesitamos construir puentes, no murallas”.

Vivimos tiempos difíciles. Tiempos en que la Biblia ha señalado que “oiréis de guerras y de rumores de guerras… Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres y terremotos en diferentes lugares”; tiempos en los que “…por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”.

Sin duda los desastres naturales y los conflictos bélicos están generando dolor, muerte y desesperanza en los corazones de las personas alrededor del mundo. Por eso, creo que hoy, más que nunca en la historia de la humanidad, necesitamos construir lazos que nos unan como personas, como familias, como nación y nos ayuden a superar y sobreponernos de estas calamidades y dejar establecer barreras físicas o simbólicas amparadas en diferencias ideológicas, de raza, religión, género, etc. Podemos hacerlo mejor y podemos ser mejores. No solo eso, Debemos ser mejores.

A pesar de lo difícil de la senda y aun cuando las crisis a veces sacan lo peor de nuestros corazones también pueden sacar lo mejor. Veo alrededor del mundo grandes muestras de solidaridad y gestos que dan testimonio que aún podemos tener fe en las personas. Soy un optimista en el futuro. Reitero: “NECESITAMOS CONSTRUIR PUENTES, NO MURALLAS”

Un abrazo, Marco Castro